Ácido Hialurónico

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El Ácido Hialurónico es un activo natural que se encuentra presente en muchos de los órganos y tejidos de nuestro cuerpo. Fue descubierto en 1934, aunque no comenzó a usarse en el mundo de la cosmética hasta mediados de los años 90. Esta sustancia es un gran activador de la hidratación natural de la piel, que combate la sequedad cutánea y reduce las líneas de expresión.

Con el paso del tiempo, especialmente a partir de los 35 años, la presencia de este elemento comienza disminuir en nuestro organismo, lo que provoca envejecimiento, flacidez y pérdida de firmeza en la piel.

El beneficio principal del Ácido Hialurónico es su capacidad para aumentar la hidratación de la dermis, pues posee la propiedad de absorber hasta mil veces su propio peso en agua. Es por este motivo por el que cada vez es un componente más utilizado en el mundo de la cosmética y en los tratamientos estéticos. Su aplicación tópica aporta una potente hidratación a la piel, aumenta su grosor y su volumen, dándole así un aspecto más terso.

En definitiva, es un gran aliado a la hora de borrar las arrugas de forma eficaz. Además, su efecto es más duradero que el de otros elementos como el colágeno y no produce menos reacciones alérgicas.

En el campo de la medicina estética, esta sustancia se inyecta en determinadas zonas en las que los primeros síntomas del envejecimiento se hacen más evidentes. Su gran ventaja es que su aplicación directa en la piel le devuelve de forma inmediata su volumen y luminosidad.

Las zonas más comunes en las que se aplica son: pómulos, labios, contorno de los labios, surcos nasogenianos (arrugas de expresión que van desde los laterales de la nariz hacia la comisura de la boca) y la zona periocular externa (más conocida como patas de gallo).